Los robos no se pagan

Escrito por saleconfritas 15-03-2010 en General. Comentarios (1)

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Un ateniense endeudado, apremiado por su acreedor para que le pagara su deuda, le pidió a éste que le concediera un corto plazo con el pretexto de que se hallaba en apuro; mas no logrando convencerle, trajo la única marrana que poseía, disponiéndose a venderla en presencia de su acreedor.

 

Llegó un comprador preguntando si la marrana era fecunda.

 

-Tan fecunda es - respondió el deudor- que hasta  es  extraordinaria: en los Misterios pare hembras y en las Anateneas pare machos.

 

Asombrado el comprador por lo que oyó, el deudor le exclamó:

-¡No te asombres tanto aún, porque esta marrana, además, te dará cabritos en las Dionisíacas!

 

 La desesperación es causa de grandes mentiras.

 


La deuda externa en el centro del escenario

 

La administración kirchnerista ha sido una de las que más ha pagado en concepto de intereses de la deuda externa.

 

La evolución de la deuda externa a lo largo de la historia nacional, y la eterna discusión sobre si la deuda es legal o no, y si es válido pagar una deuda que se transforma en impagable y para el país se tornará en uno de los temas a seguir.

 

Corría el año 1822 y la Argentina empezaba a tender el paso al gran karma de su historia, que abarca casi dos siglos, y que sigue atormentando a millones de argentinos en su vida diaria, como lo es el tema de la deuda externa, luego de que el gobierno de Bernardino Rivadavia contrajera un empréstito por un millón de libras esterlinas con la casa de banca Baring Brothers, dando comienzo de esta manera a un gran dilema que los argentinos todavía continuamos padeciendo.

 

En la actualidad, la Argentina tiene una deuda externa que se calcula que ronda en los 195.000 millones de dólares, con compromisos por cerca de de 20.000 millones de dólares que tendrían que ser abonados este año y que todavía no han sido cancelados por el gobierno nacional.

 

La llegada de Amado Boudou al ministerio de Economía, abrió la esperanza en los acreedores externos de que la Argentina honraría sus pagos, yendo en contra incluso de decisiones judiciales favorables al no pago de la deuda, como lo es el fallo del Juez Jorge Ballesteros, en la causa iniciada por Alejandro Olmos, que calificó a la deuda externa argentina como “ilegal, inmoral, ilegítima y fraudulenta”.

 

El tema de la deuda externa, es otra de las cuestiones que ha dividido a la sociedad argentina, ya que se encuentran aquellos que creen que la Argentina para crecer y adentrarse en el mundo civilizado se debe pagar los intereses de la misma y honrar sus compromisos internacionales; y aquellos que creen que pagar los mismos, resalta en una mayor dependencia de los capitales concentrados de la economía internacional, cayendo la Argentina en una trampa imposible de salir.

 

En la actualidad, la Argentina tiene una deuda externa que representa aproximadamente el 65% del PBI nacional, lo que representa la inviabilidad de la misma para un país como el nuestro.

 

El mal manejo de la misma con el correr de los años y el desmanejo de los sucesivos gobiernos que se han sucedido en el poder, han convertido a este tema en uno de los pesares más hondos del país, que hacen que no pueda nunca levantarse de las constantes crisis que ha tenido a lo largo de la historia.

 

La deuda interminable

 

 

“Hay que cortarse la mano antes de firmar un empréstito. El FMI es el hijo putativo del imperialismo”, decía en la década de 1950 el General Juan Domingo Perón, para analizar un tema tan complejo para los argentinos.

 

“Tan mal ha estado administrada la Argentina desde esa época, que hace los ciudadanos de este país estén debiendo en la actualidad alrededor de 5.000 dólares por cabeza, lo que transforma a la deuda externa en algo desastroso para los intereses nacionales”.

 

Al revés de su discurso anti organismos internacionales, desde su asunción en el 2003, el gobierno kirchnerista ha sido uno de los gobiernos que más ha pagado a los organismos de crédito en concepto de intereses, lo que termina siendo paradójico, ya que como muchos gobiernos de la región, que asumen con un discurso progresista y que una vez llegado al poder cambian totalmente su forma de pensar, se termina actuando en contra de los intereses nacionales y favoreciendo los intereses de pocos, como son los de las grandes empresas y organismos internacionales de crédito.

 

Un estudioso del tema y que ha llevado muchas horas de su vida a destinar propuestas alternativas para el mismo, es el ex diputado nacional Mario Cafiero, quien en diálogo con la Agencia de Noticias CNA, aseguró que “el Gobierno nacional se dispone priorizar los servicios e intereses de la deuda externa, adquiriendo de esa manera un compromiso muy importante con lo más concentrado del capital financiero internacional”.

 

El hijo del histórico dirigente justicialista, aseveró que “se pone en riesgo la producción argentina por el pago de la deuda. Cualquier economía de un país parecido al nuestro se ve afectada por semejante erosión que se debe hacer para hacer frente a la misma. Se afectó recursos de las provincias y de los jubilados para pagar deuda a lo largo de todos estos años”.

 

“Con sólo ver y recorrer la Argentina, se ven las necesidades de nuestro pueblo. Faltan cloacas, caminos, mejores sueldos, seguridad, Justicia, entre otras necesidades básicas, que no se atienden creyendo que la deuda van a venir inversiones y el crecimiento del país se daría sólo y automáticamente, transformándose lisa y llanamente en una colonia de las metrópolis”, subrayó Cafiero.

 

Todas estas situaciones ponen sobre la mesa el tema de la legalidad o no de la deuda externa argentina, mucha de ella contraída durante regímenes militares que usurparon ilegalmente el poder, como la dictadura que a base de armas, tortura y sangre comando al país de 1976 a 1983, que llevó la deuda externa de 7.800 millones de dólares a fines de 1975, a 45.000 millones de dólares al momento de huir del poder en diciembre de 1983.

 

Bajo la última dictadura militar la deuda externa argentina creció en forma exorbitante, utilizándose alrededor de 10.000 millones para la compra de material bélico y con la complicidad de los organismos internacionales, que sabiendo que se daba dinero para realizar estas compras, hicieron la vista gorda y miraron para otro lado.

 

Es así, que en 2000, el Juzgado Nº 2 a cargo del juez Jorge Ballesteros, falló a favor de la denuncia presentada por Alejandro Olmos en 1982, declarando la Deuda Externa argentina como “ilegal, inmoral, ilegítima y fraudulenta”, un hecho histórico en el mundo.

 

Este fallo de Ballesteros, en base a la denuncia de Olmos, permitió abrir las puertas a que se revea todo lo actuado durante años en materia de pagos de intereses de deuda externa, sobre todo durante la última dictadura, donde se vio incrementada en beneficio de empresas y sectores concentrados de la economía, y para ampliar negocios privados de varios de los miembros de la dictadura más feroz que vivió nuestro país.

 

Además, bajo la última dictadura militar y en las postrimerías de la misma, alguien que luego le hizo mucho daño a la Argentina , como lo es Domingo Felipe Cavallo siendo presidente del Banco Central allá por 1982, dictaminó un proceso de estatización de la deuda externa privada, refinanciando simultáneamente los vencimientos por medio de nuevos títulos públicos, mientras los deudores privados se beneficiaban con métodos de pago al Estado que, dadas las altas tasas de inflación y las devaluaciones, fueron licuando progresivamente sus deudas.

 

Los deudores privados recibieron, de esa forma, un subsidio indirecto estimado en más de 5.500 millones de dólares.

 

Entre las empresas beneficiadas se encontraban Autopistas Urbanas; Celulosa Argentina; Acindar; Bridas; Alpargatas; Siderca; Sevel; Mercedes Benz; IBM; Esso; Fiat; Ford; Pirelli; Loma Negra; los Bancos Italia, Río, Francés, entre otros; por lo que los argentinos todavía seguimos pagando las consecuencias de los malos negocios que hicieron algunos privados y que la dictadura militar les perdonó estatizando las mismas.

 

Uno más de los tantos desguaces que ha sufrida la Argentina a lo largo de su historia, cuyas consecuencias siguen siendo enormes para la gran mayoría de la gente.

 

Respecto a este tema, Mario Cafiero afirma que “durante la última dictadura se contrajeron más de 30.000 millones de dólares de deuda, y los organismos que le prestaban a la Argentina sabían de las atrocidades que se cometían, por lo tanto instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM), prestaron dinero a gobiernos dictatoriales, por lo que a esos préstamos se los puede considerar ilegítimos, y por lo tanto son delitos que no prescriben”, señaló.

 

“Uno se pregunta cuándo va a haber un gobierno en el que predomine un sentido de favorecer los intereses sociales y no los financieros. Hay que auditar e investigar antes de pagar, saber cuál deuda es legítima y cuál ilegítima, y recuperar el dinero pagado en deuda ilegal e ilegítima, Toda deuda pagada por los militares es deuda odiosa e ilegítima”, afirma Cafiero.

 

El ex legislador sostiene que eso se da “primero porque esa es la realidad, ya que mayoritariamente se contrajo durante la dictadura. Hubo un juicio que lo demostró y ese financiamiento a los gobiernos dictatoriales son delitos que no prescriben; y segundo, porque todos esos préstamos contraídos bajo la dictadura son considerados ilegítimos”.

 

Todo lo visto a lo largo de los últimos años, le ha llevado a Cafiero a manifestar que “los dirigentes argentinos no tienen el coraje necesario para afrontar el tema de la deuda externa y están plantados frente a lo que se dice y viene de afuera, sin defender los derechos de todos los argentinos”.

 

La realidad marca que en la Argentina a lo largo de los años no han quedado registros de gran parte de la deuda externa nacional, así como tampoco de sus intereses y los avales dados por el Estado.

 

Además, durante los regímenes militares que asolaron al país, las empresas públicas eran forzadas a endeudarse para obtener divisas con la que sostener la apertura económica, y las divisas obtenidas eran volcadas al mercado de cambios para favorecer dicha apertura que nunca terminaba beneficiando a los intereses de la Nación.

 

 A lo largo de nuestra historia, sólo cuatro presidentes lograron hacer retroceder la deuda externa de nuestro país, ellos fueron Hipólito Irigoyen, Juan Domingo Perón, Arturo Illia, y Estela Martínez de Perón, todos presidentes que tenían detrás de sí un proyecto de país donde se pensaba a largo plazo en beneficio de los sectores mayoritarios de la población, algo totalmente a lo que ocurre en la actualidad, donde los políticos sólo piensan en el cortoplacismo, dejando los intereses de la mayoría a un lado.

 

 Es así como en períodos constitucionales y democráticos, se benefició al capital más concentrado de la economía nacional y extranjera, en detrimento de la enorme mayoría silenciosa que sigue sufriendo las consecuencias de tan patéticas políticas.

 

Es ejemplo de esto lo sucedido en la década del -90 en nuestro país donde durante el menemismo la deuda externa de duplicó, con el agravante de que todo el patrimonio nacional, como los recursos naturales y las principales empresas que estaban en manos del Estado, fueron entregados a los intereses multinacionales, que se llevan todo el dinero del país sin invertir un peso en el mismo.

 

Un tema en el cual la Argentina ha sido históricamente perjudicada, con una deuda que ya se ha pagado varias veces y cuyos intereses son directamente usurarios y que se convierten en un gran negocio para pocos y en una enorme pérdida para la enorme parte de una población que asiste en forma impávida a un descontrol estatal que destruye la actividad interna y deja el país supeditado a los intereses de los grandes grupos económicos internacionales.

 

Con la plata que anualmente los diversos gobiernos destinan al pago de los intereses de la deuda externa, el país se puede volver a reindustrializar, a promover el mercado interno, a hacer un sistema impositivo más progresivo, a destinar dinero en apoyo a las Pymes y a los pequeños y medianos productores agropecuarios, a controlar la salida y entrada de capitales del país, entre otras cosas, que terminarían beneficiando a la Argentina con el correr de las décadas, y que en vez de retroceder, la harían avanzar en el mundo.

 

Ref: Agencia cna