Sale con fritasss

Biografía no autorizada de Cristina Kirchner (Tercera parte)

Escrito por saleconfritas 15-09-2009 en General. Comentarios (1)

http://saleconfritas.blogdiario.com/img/presidenta.jpg 

 

 

Biografía no autorizada de Cristina Kirchner  (Tercera parte)

 

Desde aquellos años, en torno de Cristina se fue formando una especie de séquito al que ella trata de manera maternal o despótica, según el humor del momento.

 

Una figura indispensable es Cuca Bustos: combinación de valet y ama de llaves, que la acompaña a sol y a sombra. Con rango de secretaria de Estado, Cuca se encarga de la ropa de ella. En el exterior ocupa el dormitorio contiguo, que siempre debe tener una puerta intermedia que las comunique.

 

Con la misma dedicación asiste también a la Presidenta el secretario Isidro Bounine, hijo de una antigua empleada de la casa.

No sólo se encarga del despacho y la agenda. En Olivos, quienes revistan en la Casa Militar suelen verlo detrás de la primera dama, en largas caminatas, con un bolsito que contiene las zapatillas por si ella decide correr o una toalla por si comienza a transpirar.

 

Como Cuca, Isidro es paciente y silencioso frente a las frecuentes rabietas de su jefa. Ya están acostumbrados y las toman con espíritu festivo, algo que todavía no aprendió el temeroso Miguel Núñez, su vocero y acompañante permanente. Los cinco custodios asignados por la Policía Federal completan la pequeña corte de la señora de Kirchner.

 

Recuerdan los íntimos que, hacia fines de 1981, el matrimonio con Kirchner se puso al borde de la ruptura. Fue cuando Néstor decidió comenzar a desentumecer su músculo político, junto con algunos viejos amigos de la Patagonia. Todavía pesaba el régimen militar y a él se le ocurrió inaugurar una agrupación, que más tarde se llamaría El Ateneo y con la que saludó el desembarco en Malvinas.

 

"Isabel conducción"

 

Cuenta un antiguo compañero de lucha -y la anécdota circula aún en Santa Cruz- que un día hubo en el Colegio Salesiano un acto del justicialismo con motivo de la visita de Ítalo Luder, quien meses después se convertiría en el primer candidato peronista que perdió una elección presidencial.

 

Estaban allí todos los sectores justicialistas, menos uno. Era el grupo de Kirchner, quien, por fin, ingresó al salón junto con Cristina al grito provocativo de "Isabel conducción". A juzgar por la formidable batalla campal que se originó, la propuesta no fue bien recibida.

 

Cuenta alguien que asistió a aquel regreso a la política: “Fue la única vez que se pudo pensar en un divorcio. Cristina estaba furiosa por el miedo. Amenazó con irse. Pero él la convenció. Se podría decir que la doblegó. Fue difícil para ellos. Pero una vez que ella aceptó la decisión se convirtió en más aguerrida que él para avanzar hacia el gobierno. Tal vez fue el único camino para instalarse en la atención de un tipo que como Kirchner, se siente atraído por pocas cosas distintas que el poder”.

 

De nuevo el poder, lo público, el Estado, sirvió de amalgama matrimonial. Esa pasión se transformó en obsesiva, absorbente. También en Máximo tuvo consecuencias: comenzó a vivir, más que nada, con la abuela paterna, María Ostoic.

 

Distinto sería con Florencia, la hija que nació el 6 de agosto de 1990 y a la que se le dedicó el primer viaje familiar al exterior: fueron a Orlando, a conocer el Walt Disney World, los cinco. Claro, también viajó con ellos Rudy Ulloa.

 

Para el escenario siberiano de Río Gallegos, esa joven bella que Néstor había conquistado en La Plata era una rareza urbana, un dato casi exótico. El poder tiene, en muchas provincias, rasgos arbitrarios y despóticos.

 

No hace falta leer a Montesquieu o a su discípulo Sarmiento para verificar que esa peculiaridad se acentúa en el desierto. “Con el poder es con lo único que no se jode. Lo tengo y lo uso”, repite a menudo Kirchner. Cristina sería capaz de agregarle a ese estilo un tramo argumental, discursivo, inusual en la estepa.

 

Biografía no autorizada de Cristina Kirchner (Segunda parte)

Escrito por saleconfritas 14-09-2009 en General. Comentarios (1)

http://saleconfritas.blogdiario.com/img/avolada.jpg 

 

Biografía no autorizada de Cristina Kirchner  (Segunda parte)

 

 

En aquellos años comenzó a brillar en ella ese talento para la argumentación que hoy le reconocen amigos y enemigos. Todavía hoy su destreza retórica lleva aquella marca universitaria. Es una forma de razonar que no pretende convencer sino vencer. Se aprende en las asambleas universitarias más que en la serena y rigurosa discusión académica.

 

Quienes conocen de cerca a la Presidenta hacen notar ese rasgo dominante de su discurso: “No hay que pedirle consistencia científica. Es la oratoria de quien propone doblegar al adversario con una dialéctica de plazo fijo, cuya validez se agota en los límites de un congreso de partido o una sesión parlamentaria”, observa un militante de aquellos años que sigue acompañando a los Kirchner.

 

En 1975, esos experimentos estudiantiles habían perdido su carácter deportivo. Kirchner conoció la muerte de cerca: sus amigos Roberto “Tatú” Basile y la “Negrita” Mirta Aguilar, que eran novios, fueron acribillados a balazos, al parecer por la Triple A.

 

Después desapareció otro íntimo de Néstor, Carlos Labollita, de Las Flores. Pertenecían, como Kirchner, a esa red de estudiantes del interior que, en La Plata, comenzaba a resultar carne de razia policial en las pensiones.

 

El 9 de mayo de 1975, Cristina y Néstor se casaron por civil. Festejaron en City Bell. Todo muy prosaico, sin fotos, a lo Kirchner. No importaba vivir en una pensión.

 

¿Había llegado la hora de liberarse, de una vez por todas, de la tensión de aquella casa materna?

 

Ofelia les consiguió un trabajo precario en AERI, su gremio. Cristina y Néstor debían atender la mesa de entradas.

 

Fotios Cunturis, el secretario general del sindicato, recuerda que desde esa posición los recién casados comenzaron a organizar una lista opositora, aprovechando el contacto con los delegados del interior. Cunturis casi se convierte en un precursor de Duhalde, pero consiguió zafar de ese destino: todavía está al frente del sindicato y acaba de ponerse a disposición de Daniel Scioli. Acaso planea, tarde, su venganza.

 

El golpe militar del 24 de marzo de 1976 terminó por aterrorizar a Cristina. El 3 de julio, Kirchner se graduó, ella no.

 

“Quiero tener el título y hacer plata para gobernar mi provincia” dijo Néstor. Los que se empeñan en demostrar que su paso por la izquierda fue tangencial, citan esa frase y constatan que pudo seguir asistiendo a las aulas de una universidad del Estado cuando ya estaba intervenida por los militares.

 

Cristina sin embargo, vivía aterrada y consiguió convencerlo para irse a vivir a Río Gallegos. El 26 de julio ella dejaba su ciudad natal. Con la excusa de una guerra ideológica, la vida en La Plata se había degradado a una básica animalidad.

 

Partir era dejar atrás la violencia, los procedimientos militares a toda hora, el fantasma tangible de la muerte. Con la fuga a la Patagonia se tendía un telón sobre aquella familia incómoda, esa infancia silenciosa, aquellas discusiones enardecidas, aquel entorno por momentos opresivo.

 

En Río Gallegos, con su adecuada lejanía, sería más fácil completar la autoinvención que había emprendido muy temprano aquella chica de los modestos bordes de Tolosa.

 

Vaya a saber si Kirchner, distraído en sus ensoñaciones de poder, no representó para esa biografía platense la síntesis de una secreta, privada, redención.

 

Santa Cruz podría haber sido un comienzo absoluto si no fuera por esa noche en que Néstor fue brevemente detenido, junto al hijo de una familia prominente, Rafael Flores Sureda. La provincia era segura, estaba militarizada.

 

Los jóvenes Kirchner eran recibidos por un entorno familiar tradicional y ajeno a la política. Néstor ejercería la abogacía para firmas comerciales. Cristina se convertiría en mamá. El 16 de febrero de 1977 nació Máximo, a quien ella llama ahora “El Osito” y con quien disfruta de las discusiones políticas.

 

Máximo también nació en La Plata. Cristina regresó a esa ciudad, dolorosa por mil razones, cada vez que pasó algo crucial en su vida. En el platense Teatro Argentino lanzó su postulación para el Senado en 2005. En el mismo lugar oficializó la candidatura a la presidencia. Ni quienes la conocen mucho explican esa recurrencia.

 

En Río Gallegos se constituyó una intimidad familiar inesperada para esos militantes universitarios. Néstor comenzó a prosperar en su estudio jurídico, después asociado a Domingo Ortiz de Zárate. Cristina colaboraba con ellos.

 

La pasaron mal cuando les plantaron una bomba, un atentado sobre el que ella tiene ahora sospechas más precisas que en aquel entonces. Lo demás fue, al parecer, dulce calma.

 

De aquellos años es testigo Rudy Ulloa, un humilde diariero, hijo de chilenos a quien los Kirchner incorporaron como cadete, chofer y asistente todoterreno para las cobranzas de la usura.

 

Desde entonces, junto con su hermana y su tía, Ulloa está integrado a la familia. Ocupa un lugar político relevante. Administra un diario, una radio y un canal de televisión en la capital de Santa Cruz. Por lo visto, fue ahorrativo. No hay que indagar mucho para detectar la línea editorial del multimedia: el programa central de la cobertura política se llama, con sinceridad, El ojo del amo. Parece un chiste. Ulloa, es muy dócil con los Kirchner, es el terror de los gobernadores santacruceños. En la escena porteña forma dúo con el ex maoísta Carlos Zannini.

 

Biografía no autorizada de Cristina Kirchner (Primera Parte)

Escrito por saleconfritas 13-09-2009 en General. Comentarios (3)

http://saleconfritas.blogdiario.com/img/aaaa.jpg 

 

La hermana de la coneja

 

En un depósito sucio, bastión de la Ciudad Vieja

La hermana de la coneja,     perdió la virginidad.

Testigo en la oscuridad, un colchón apolillado

  Que quedó como estampado, con indeleble memoria

  Y es origen de esta historia, que no se bien si es verdad.

 

 Fue como siempre sucede, se colaron con el Tito

 Aquel morocho flaquito, que la conquisto con mimos.

 Y desafiando al destino, se dejó de franeleos

 Se alborotó el avispero, dieciséis años es mucho

 Cuando te da como un chucho y la vida pide cuero.

 

 Después cuentos conocidos, que le vamos a hacer

 Que no lo podés tener, que ya conseguí la guita.

 Un llanto cuatro caricias, que todo va a salir bien

 El fondo de un almacén, el adiós al flaco Tito

 Y el comienzo de un periplo, más hamacado que un tren.

 

 Hoy es señora de tal, y en el este veranea

 No imagina el que la vea, que era de playa Pascual.

 Su camelo viene mal, vate, chicos y colegio

 Te la trabaja de regio, y anda en checo bien debute

 Con goma en lugar de yute y sin preguntar los precios.

 

 Ahora sí que se divierte, en pavada de colchón

 Pelo corto a la Garzón y lentes con cadenita.

 Recurre al psicoanalista, a la hermana ni la nombra

 Pero la marca una sombra, que nunca pudo esquivar

 Como la vino a quedar, allá por la Ciudad Vieja.

 

Letra de Jaime Ross

 

 

Lo canta Caetano Veloso: “De cerca, nadie es normal”. No es extraño que Cristina Elisabet Fernández (así, sin la hache y con s) ocupe la presidencia desde el 10 de diciembre de 2007.

 

El matrimonio Kirchner la considera una presidencia matrimonial y a pesar del cambio de figura impidió hasta ahora discernir su administración de la de su esposo.

Esa ambigüedad política, también es personal.

 

Muchos de los que se acercan a la biografía de la nueva Presidenta se sorprenden de cómo su vida parece impulsada por una fuerza vectorial, una precoz obsesión por construirse a sí misma, por corregir lo dado. Se obsequia al otro. A Néstor Kirchner. La ecuación del matrimonio en la presidencia se vuelve ahora política estatal.

 

Cuando Cristina Elisabet Fernández nació en La Plata el 19 de febrero de 1953 (56), Eva Perón había fallecido hacía ya 7 meses y Ringuelet era todavía el suburbio de un suburbio. Un caserío humilde en las afueras de La Plata con quintas y baldíos.

 

Se sabe poco del tiempo transcurrido en ese entorno. ¿En qué infancia no hay un misterio? Cristina contribuyó a crear el suyo con un cuidadoso silencio sobre aquellos años iniciales de los que apenas llegan algunas pocas fotos: al año, soplando la velita; a los nueve, vestidita con el traje de danzas. No se conoce ni el nombre de la escuela primaria en esa edad oscura.

 

Los relatos de amigos y la biografía autorizada que publicó Olga Wornat, “Reina Cristina”, aportan poco como es de esperarse.

 

Una madre fuerte, Ofelia Wilhelm, militante sindical en la Asociación de Empleados de Rentas e Inmobiliario (AERI) y reconocida “tripera”, fanática de Gimnasia y Esgrima La Plata, a cuyas improbables hazañas asiste con camiseta y gorro azul y blanco.

 

A doña Ofelia le prohibieron integrar la lista encabezada por el polémico Juan José Muñoz para conducir el club. Dejó de hablarle un mes a su madre porque se atrevió a darle un reportaje a una revista. Razones de Estado.

 

La señora Ofelia Wilhem fue el eje de la casa, en cambio, papá Eduardo Fernández, apodado “el Tarta” por sus compañeros de trabajo, fue un colectivero ausente que se integró a la familia recién cuando Cristina tenía dos años y estaba en camino su hermana, Giselle. Entonces se formalizó el matrimonio.

 

Eduardo Fernández murió en 1982. “Con su hija mayor tuvo siempre muy poco diálogo y escasas manifestaciones de afecto”, dice alguien que lo conoció. Su lugar en la vida de Cristina lo ocupó, según especula Wornat, el tío Osvaldo Fernández, que murió bajo la balacera circunstancial en un enfrentamiento entre guerrilleros y policías en 1974.

 

Su hermana Giselle estudió medicina. Ejerce esa profesión desde hace más de 15 años, superados ya algunos altibajos anímicos personales, en el mismo sanatorio: el Hospital Rodolfo Rossi, de La Plata.

 

Esta otra doctora Fernández jamás movió un dedo para aprovechar en su carrera el poder de la hermana y el cuñado. “Eso sí, no te le pongas en el camino si se le cruza algo en la cabeza porque es capaz de pasarte por encima”, aconseja otro médico del servicio de terapia intensiva. Aires de familia.

 

El abuelo materno y una tía soltera completaron el entorno familiar inicial de la Presidenta.

 

Los amigos de la secundaria, el primer novio, quienes la conocen de antaño subrayan la energía que puso siempre Cristina en silenciar aquel pasado, en no hablar de la familia, en no franquear la intimidad de esa madre enérgica, de ese padre intermitente, de esa hermana frágil y estudiosa.

 

Hasta para los más compinches la penumbra de Ringuelet estuvo vedada. Cuenta Wornat: “Según testimonios de amigos que conocieron a Cristina en aquellos tiempos adolescentes, nunca le gustó exponer a la familia, ni siquiera en sus años más precoces, cuando la celebridad le quedaba muy lejos. Sus antiguas compañeras de colegio coinciden en lo mismo: «Nunca íbamos a su casa, no nos invitaba, nos recibía en la puerta o, apenas, en el living»”.

 

Cuando Cristina era adolescente, en todas las fotos está al aire libre.

Consiguió salir de casa. El ambiente social con nuevas amistades, le parece ahora más elevado.

Una prima de ella, María Silvia Rodríguez, le abrió las puertas para que ingresara como socia del Jockey Club de La Plata.

 

Cristina se adaptaba con facilidad. Le agrada ser aceptada, por eso es obsesiva con el aspecto, como lo será toda la vida, tal como su impuntualidad.

En Río Gallegos recuerdan que, 22 años más tarde, mientras se seguía el juicio político al gobernador Del Val, la casa de gobierno fue tomada a tiros por un grupo de policías rebeldes.

 

Ella llegó al lugar mucho más tarde que Néstor, su esposo, quien para aquella época ya cultivaba la impuntualidad. A Cristina le pareció lógica la demora: “Es imposible que salga de casa sin arreglarme”.

 

El cuidado por el aspecto es tan obsesivo que hasta en ella desata humoradas: “Yo ya nací maquillada”, suele decir.

 

Es un párrafo aparte hablar sobre Cristina y su placer por la ropa y los accesorios. Con el tiempo, el gusto se fue sofisticando, sobre todo con los viajes al exterior, reducidos por los Kirchner a Miami y Nueva York antes de llegar a Olivos.

 

A estas alturas, los trajes y vestidos deben ser de Susana Ortiz; los zapatos, de Claude Bernard o –pocas veces– Ricky Sarkany. Las carteras, de Hermès o Channel y Louis Vuitton . A veces condesciende a un bolso Peter Kent.

 

La realidad es que, desde que asumió como primera dama hasta ahora, el estilo no ha cambiado demasiado. Sigue fiel a la melena abultada con extensiones (obra de Alberto Sanders), bajó un par de tonos el rouge y quizá recargue menos sus pestañas renegridas, pero la impronta sexy sigue intacta: CFK jamás sale sin tacos aguja ni el talle avispa marcado con cinturones sesentones.

 

Lo de las cirugías o refrescaditas tampoco es novedad. Desde la época en que su esposo era gobernador de Santa Cruz, ella aprovechaba los viajes a Buenos Aires para quitarse la expresión de cansancio con algunas ampollas de toxina botulínica. Claro que ahora la rutina suma rellenos, mesoterapia y despigmentaciones faciales para terminar con manchitas molestas.

 

Dicen que todas las mañanas, cual Cleopatra, la senadora recibe en su suite de Olivos una jarrita con leche fresca que utiliza para refrescar el rostro y así mantener lejos el fantasma de la rosácea nerviosa que la aqueja desde hace varios años.

 

También tempranísimo, antes de las 8, da vueltas y vueltas por los jardines de la mansión presidencial subida a unos rollers que hace años compró en Miami. ¿El objetivo? Tonificar las piernas demasiado gordas, oxigenarse y aislarse del mundo antes de sumergirse en la vorágine de una agenda agobiante.

 

Sin problemas a la hora de jugar con encajes, cuero, cuadros, flores, géneros brillantes, tonos estridentes, cuellos de piel, joyas, bijoux, pedrería, oros y brillantes, Cristina nunca demostró adherir al menos es más. Y tampoco hay que esperar que lo haga.

 

Aunque muchos la sueñen con chignon, camisa de seda y traje impecable gris perla, ella seguirá apareciendo entre destellos violáceos, estrenando boina chavista y zapatos stilettos de color, un detalle no menor para recorrer un camino impensado.

 

A las cremas se las compra, por lo general, en el exterior –por maldita rosácea que la mortifica desde joven y la obliga a protegerse del sol como de un enemigo – y en cada puerto que se detiene, sus empleados deben detectar dónde está la mejor peluquería, capaz de equiparar a la de Alberto Sanders en Buenos Aires.

 

Incógnitas que los diplomáticos resuelven con soltura: Zulemita Menem los entrenó en rutinas muchísimo más exigentes. El poder permite aumentar el placer por los detalles.

 

En la agenda del último viaje de Cristina a Manhattan se consignaba el color de las paredes, los muebles y manteles que la rodearían en cada aparición: en la Universidad, en el Council of the Americas o en la sede de Times. Una buena oportunidad para combinar los colores y reducir el error de elección a cero.

 

Ese perfeccionismo puesto para tratar de subyugar la mirada de los otros, sería intrascendente si no mutara en política. Pero, convertido en insumo de la acción de gobierno, la pulsión por ser aceptada podría guiar una orientación más general.

 

Tal vez condicione las relaciones con la prensa, de la que ella está más pendiente que acaso todos sus antecesores. O determine una nueva forma de intercambio con el mundo. Es lo que creen algunos observadores del oficialismo: “Todavía no sabemos si Cristina tendrá una política exterior, pero es evidente que valora más que Kirchner las relaciones públicas internacionales. Hay lugares en los que ella busca agradar y que a Kirchner le son totalmente indiferentes. O, peor, en los que él cree sacar ventaja del conflicto. Eso no es política exterior. Pero puede derivar en una política exterior”.

 

Pero volviendo más atrás, Cristina a los 15 años, en las fotos luce bella, delicada, abstraída. Consigue poner la mente en blanco, algo raro en ella. Está en el bosque de La Plata. Se la ve apoyada sobre la reja del zoológico o sentada a los pies de un eucalipto. Fuma demasiado, se arregla el pelo. El que la sigue con la cámara es Raúl Cafferata, su primer novio, un poco mayor. Raúl juega al rugby y pertenece a una familia de la mediana burguesía platense: su padre era el tesorero de gobierno. Va al San Luis, el colegio marista.

Detalles cruciales en una ciudad que presume contar con una aristocracia imaginaria, cuanto más aspiracional, más elitista y conservadora, como suele ocurrir en las urbanizaciones cuando son recientes. La incorporación a ese circuito requirió, entonces, prestar mucha atención a las marcas de estilo. Después de haber pasado por el popular mercantil, de 46 y diagonal 80, ella iba al colegio Misericordia, muy de clase media.

 

Cristina mira jugar rugby a Cafferata desde el costado de la cancha. Otra foto. Luce los pantalones “Oxford” a la moda, estilizada, con interesante cuidado de la ropa. Sigue fumando. Carlos Bettini, un niño rico y casi hermano del “Lagarto” Cafferata, sostiene un paraguas cerrado entre las manos. La chica que está a su lado lo tendrá posteriormente como su embajador en España. Pero faltan más de 30 años.

 

Quedaron atrás los años 70 cuando Bettini y su hermano eran miembros de la Organización Montoneros.

 

Hoy devenido en empresario, Carlos Bettini es un lobbista de las empresas españolas y no tiene perfil diplomático.

 

La última foto que se tomaron juntos es de agosto. Fue sacada en Palma de Mallorca. Están dentro de un lujoso auto oficial. Entran en el palacio de verano para ver a los reyes Juan Carlos y Sofía. Magnífica carrera.

 

El ingreso en la Universidad siempre es iniciático. Cristina Fernández primero pensó en ser psicóloga. Se arrepintió al año. En 1973 ingresó en Derecho. La casa de Ofelia quedó más lejos. Seguían las salidas para bailar en boliches o ir al club San Luis. Desde entonces dura la amistad con Ofelia Cédola, alias “Pipa”, compañera de facultad que por entonces noviaba con el radical Leonardo Luchesi y ahora secunda a Carlos Zannini en la Secretaría Legal y Técnica.

 

En 1973 Cristina conoció a Néstor Kirchner y al cabo de unos meses, terminó su relación con Cafferata. No llegó al casamiento porque la familia de él se opuso.

 

Aquel joven santacruceño, desgarbado, de cabellos largos y lentes grosísimos, ya intervenía en política.

 

Cursaba Derecho desde 1969 y se había incorporado a la Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN). La Plata vivía en ese entonces su “mayo francés”, en cámara lenta, pero impactante para un joven educado en el encierro de un hogar patagónico de inmigrantes alemanes, suizos y croatas. La FURN competía con la Federación Universitaria La Plata (FULP), donde prevalecían los radicales, que controlaban el Centro de Estudiantes de la facultad.

 

Quienes recuerdan al Kirchner de aquellos años sonríen. Era un muchachote gracioso, parlanchín, hijo de una familia principal de su provincia, más fascinado por el activismo político que por el aprendizaje de las leyes.

 

La FURN se disolvió en 1973, cuando se produjo la fusión de FAR y Montoneros.

 

Algunos de sus antiguos compañeros están a su lado todavía. Carlos “Cuto” Moreno, en la Cámara de Diputados. Marcelo Fuentes, en la Cancillería. Juan Carlos Oliva Maturano, en Legal y Técnica.

 

La participación política de estos jóvenes era satelital, ajena al núcleo más violento de la izquierda peronista. Ninguno de ellos alcanzó la jerarquía de un Carlos Kunkel, quien por entonces se convertía en diputado nacional. Pero Kirchner tenía un dinamismo y una retórica encendida capaz de capturar a esa chica que todavía buscaba un lugar social y emocional adonde mudarse desde el contrariado hogar de Ringuelet.

 

Aquel novio Cafferata se enteró pronto de que Kirchner y la vida política se habían convertido en un imán para Cristina.

Al poco tiempo de conocer al santacruceño, ella dejó al rugbier. Comenzó a transformarse, no sin cierta impostación, de novia en compañera.

 

El nuevo vínculo se oficializó el Día de la Primavera de 1974. El picnic, como siempre, en el parque Pereyra Iraola. Ella dice que Kirchner la sedujo con su locuacidad. Quien mire una foto de época del Presidente puede pensar que no había otro remedio. El no recuerda lo que dijo: “Estaba borracho”, alega. Romanticismo, cero. Igual que ahora.

 

Los días de Cristina comenzaron a transcurrir entre reuniones políticas y pensiones universitarias en las que los jóvenes del interior ensayaban una independencia que envidiaban los hogareños chicos de La Plata.

 

De esos años, que se sucedieron en el discutible izquierdismo del que hablan ahora, datan algunos hallazgos cruciales para la Presidenta.

 

Por ejemplo, la noción –asombrosa para cualquier adolescente– de que las ideas pueden encubrir intereses. El descubrimiento, muy de época, del imperialismo como factor de la política internacional, que ahora sólo sirve para justificar la ignorancia del inglés: “Para nuestra generación –suele exagerar Cristina– ese idioma sólo servía para decir yankees go home”.

 

También de aquella temprana socialización deriva una tendencia a cuestionar las burocracias establecidas, a buscar la disrupción. Destilada por los años, esa inclinación puede inspirar discursos reformistas.

 

Claro, en aquellos jóvenes la adhesión a formas mentales de la izquierda convivía demasiado bien con el componente decisionista, si se quiere autoritario, que describió bien Pablo Giussani en su “Montoneros, la soberbia armada”.

 

Un dirigente peronista que actuó por entonces y en ese ambiente, define: “Los Kirchner son herederos de un modo de conducción propio de la orga. En eso son setentistas puros. Hay un grupo cerrado, hermético, minúsculo, donde se toman las decisiones. Sólo allí se delibera. Y lo que resuelven se baja al resto, del que sólo se espera acatamiento. Ejecutores irreflexivos como Julio De Vido o Guillermo Moreno sólo son apreciables en ese orden de funcionamiento”.

 

O la china o la hondureña, no sé si me entienden…

Escrito por saleconfritas 13-09-2009 en General. Comentarios (2)

http://saleconfritas.blogdiario.com/img/chen.jpg 

 

 

Chen, ex presidente de Taiwán, fue condenado a cadena perpetua

 

El ex Mandatario y los miembros de su familia fueron condenados por malversación de fondos del Estado, lavado de dinero...

 

Un tribunal de Taiwán condenó  a cadena perpetua al ex presidente Chen Shui-bian y a su esposa, tras declararles culpables de varios cargos de corrupción.

 

Chen, de 58 años, también fue condenado a pagar una multa de 200 millones de dólares taiwaneses (USD 6,09 millones) y fue despojado de por vida de sus derechos civiles, informó el juez Tsai Shou-hsin durante la lectura de la sentencia.

 

La esposa de Chen, Wu Shu-chen, postrada en una silla de ruedas, tendrá que pagar una multa de 300 millones de dólares taiwaneses (USD 9,1 millones). Se espera que Chen recurra la sentencia ante el más alto tribunal de Taiwán.

 

El hijo del ex Presidente, Chen Chih-chung, fue sentenciado a 30 meses de prisión por haber ayudado a la pareja a lavar dinero en el extranjero. Su nuera, Huang Jui-ching, fue condenada por el mismo delito a 20 meses de cárcel, pero quedó puesta en libertad condicional por cinco años.

 

El tribunal también solicitó a la Fiscalía que investigue la eventual implicación en el delito de malversación de la hija de Chen, Chen Hsin-yu, y su yerno, Chao Chien-ming.

 

El ex Presidente (2000-2008) está recluido desde el 30 de diciembre del año pasado en el Centro de Detención de Taipéi.  Chen y su esposa fueron acusados de malversación de fondos del Estado por USD 2,97 millones,  de haber aceptado sobornos por USD 14 millones, lavado de dinero, tráfico de influencia, extorsión y falsificación de documentos durante sus ocho años de mandato. 

 

Chen ya fue acusado durante su mandato aunque entonces estaba protegido por la inmunidad de su cargo. Su mujer, que intentó desviar millones a cuentas bancarias suizas, ya fue condenada a un año de prisión por otro delito de corrupción el pasado 1 de septiembre. Otros tres miembros de la familia fueron condenados a seis meses de prisión.  

   

Dos hombres de confianza del ex presidente Chen reconocen haber mentido

 

CET Taipei.-  Dos hombres de confianza del ex mandatario taiwanés Chen Shui-bian reconocieron haber mentido ante las autoridades judiciales, pero negaron haberse apropiado de fondos oficiales.

 

(EFE)El ex presidente taiwanés, Chen Shui-bian, grita "íPersecución política!" y "íPersecución judicial!", al salir de la oficina de la Fiscalía Anticorrupción en Taipei, Taiwan, el pasado 12 de noviembre.

 

Ma Yung-cheng y Lin Teh-shun, dos ayudantes de Chen durante sus mandatos como alcalde de Taipei y presidente de Taiwán, pidieron perdón por haber mentido ante los jueces durante una vista judicial, informa hoy el rotativo China Post.

 

Los dos se declararon inocentes de malversación y apropiación indebida de fondos públicos de la Oficina Presidencial, durante los gobiernos de Chen del 2000 al 2008.

 

Ma dijo a los fiscales, hace dos años, que unos 450.000 dólares de los fondos presidenciales habían sido utilizados en la diplomacia secreta de la isla, 100.000 dólares en fomentar la democracia en China y 300.000 dólares anuales para elevar la moral militar.

 

En sus nuevas declaraciones, Ma reconoció que la mayoría de las facturas y registros de gastos no eran reales y pidió perdón por haber mentido hace dos años, cuando aún trabajaba en la Oficina Presidencial.

 

Chen y Lin dijeron que sólo habían seguido órdenes y que no se habían embolsado ningún dinero.

 

Los dos ex funcionarios consideran que los fondos presidenciales de uso discrecional deberían considerarse como un complemento del sueldo del presidente.

 

Wu Shu-chen, esposa del ex presidente taiwanés Chen Shui-bian, fue acusada formalmente en 2006 de haberse apropiado de fondos presidenciales.

 

Mientras que el ex presidente Chen Shui-bian fue acusado formalmente de apropiación de los fondos, el 20 de mayo de 2008, día en que acabó su mandato y perdió la inmunidad presidencial.

 

Chen, su esposa y familiares están siendo juzgados de otros cargos de blanqueo de dinero y corrupción, de los que el presidente se declara inocente.

 

   El hijo de Chen y su mujer también recibieron penas de 20 a 30 meses de cárcel por delitos similares. Mientras gobernó entre 2000 y 2008, Chen consiguió ofender a Pekín por aconsejar una independencia formal de China, que ha reivindicado la soberanía de esta isla que cuenta con un gobierno autónomo desde que terminó la guerra civil china en 1949.

 

 Chen…chan, chan.

 

Somos la otra Argentina

Escrito por saleconfritas 12-09-2009 en General. Comentarios (1)

http://saleconfritas.blogdiario.com/img/belgrano.jpg 

 

Nació en Buenos Aires (Argentina) el 3 de junio de 1770, y fue bautizado con el nombre de Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Era hijo de la criolla Josefa González Caseros, oriunda de Santiago del Estero, y del comerciante italiano, Domingo Belgrano y Peri. Este matrimonio tuvo trece hijos, ocho varones y tres mujeres, siendo Manuel Joaquín, el cuarto.

 

Luego de realizar sus primeros estudios en el Convento de Santo Domingo, los continuó en el Real Colegio de San Carlos.

 

En el año 1793 se graduó en España, en la Universidad de Salamanca, como abogado. Al crearse ese año el Consulado en Buenos aires, fue designado como Secretario, lo que lo trajo nuevamente a su patria. Esa entidad de carácter comercial, fue el medio idóneo desde donde el patriota propagó sus pensamientos, escribiendo “Memorias” a favor del libre comercio (contrario al monopolio comercial impuesto por España), impulsando la agricultura, a través de la adjudicación de tierras a los campesinos y la industria.

 

Fue un gran defensor de la educación gratuita, no solo de los varones sino también de las niñas, quienes hasta entonces no concurrían a la escuela. Sostuvo que era necesaria su capacitación para ser buenas madres y para alejarlas del ocio, debiendo aprender además de leer y escribir, la doctrina cristiana y a coser y bordar.

 

A su impulso se deben la creación de la Escuela de Náutica y la Academia de Geometría y Dibujo, ambas en 1799, funcionando en las instalaciones del Consulado.

 

Sus ideas fueron expuestas en diversos medios, particularmente en el periódico que él dirigió: “Correo de Comercio”, surgido del 3 de marzo de 1810, aunque ya había participado en la formación de otro periódico en 1801, llamado “El Telégrafo Mercantil”.

 

Durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807 tuvo una destacada participación. Luego de la victoria inglesa en la primera invasión, Belgrano emigró hacia Montevideo porque se rehusaba a aceptar el nuevo gobierno inglés, ya que su idea era  independizarse.

 

Con sus fervientes creencias cristianas, luchó por la independencia de su patria, al punto que solicitó el día 24 de mayo, en vísperas de la revolución, la inmediata destitución del virrey Cisneros, amenazando que si a las tres de la tarde del día siguiente continuaba en el mando él se encargaría por las armas, de derribarlo.

 

El virrey español fue destituido y Belgrano fue designado vocal de la Primera Junta de Gobierno, constituida por criollos el 25 de mayo de 1810.

 

No era militar de carrera, pero igual aceptó conducir los destinos de los hombres que conformaron el ejército con destino a Paraguay para luchar contra los realistas.

 

Fundó dos pueblos: Mandisoví y Curuzú Cuatiá, para mejorar las comunicaciones entre Buenos aires y el litoral.

Tras vencer en la batalla de El Campichuelo”, intentó llegar a Asunción, pero sufrió dos derrotas: El 19 de enero de 1811, en Paraguari y el 9 de marzo del mismo año, en Tacuarí, donde sus cuatrocientos hombres se enfrentaron a dos mil quinientos, conducidos por Cabañas.

Tras esta derrota, en una campaña que el propio Belgrano calificó de “locura” se firmó un armisticio y Belgrano comprendió que entre los vencedores había muchos jefes criollos. Con ellos entabló correspondencia, donde les indicaba que su finalidad era que Paraguay se liberara de los tiranos y de las restricciones económicas que estos les imponían y procuraba un acercamiento entre Buenos y Paraguay. Poco después, Paraguay se independizó.

 

Luego de esta frustrada campaña, que le costó un proceso del que salió airoso, defendido por sus tropas que subrayaron su valor y patriotismo, fue enviado con su ejército a la Banda Oriental estableciendo en la localidad de Mercedes su cuartel general.

 

Repartió el control de territorio con el caudillo oriental José Gervasio Artigas, el hermano de Artigas de nombre Manuel y con Venancio Benavides. En el mes de mayo debió regresar a Buenos Aires al ser reemplazado por Rondeau.

 

El 13 de febrero de 1812, elevó una propuesta para usar un distintivo que identificara al ejército. Así nació la escarapela nacional, al ser aprobada por el Triunvirato cinco días más tarde.

 

Para defender el dominio de los ríos nacionales fue enviado a fines de 1811, a orillas del Paraná, donde instaló las baterías “Libertad” e “Independencia”.

El 27 de febrero de 1812, la bandera Argentina flameó por primera vez en ese lugar.

Al comunicar el hecho a las autoridades, éstas negaron el uso oficial de la Bandera, pero esa respuesta nunca llegó a Belgrano que ya había partido al ser designado jefe del ejército del Norte, empresa que no tuvo el éxito esperado.

 

Cuando arribó a Jujuy, enarboló la bandera, que fue bendecida. Pero la bandera debió ser guardada por orden del gobierno.

 

Los realistas dominaron la situación y Belgrano se replegó. La población de Jujuy se marchó en éxodo junto a él, llevándose sus pertenencias y destruyendo lo que quedaba para que no les sirviera a los españoles. Este hecho pasó a la historia bajo el nombre de “Éxodo Jujeño”.

 

Desoyendo las instrucciones gubernamentales que le ordenaban retirarse a Córdoba, el

24 de febrero de 1812, Belgrano logró vencer a los españoles en Tucumán, quienes se retiraron hacia Salta.

 

Hacia allí se dirigió Belgrano, que entró a Salta por un atajo, ya que el acceso por el sur estaba bloqueado. La batalla librada en Salta con su disciplinado ejército les otorgó la victoria el 20 de febrero de 1813.

 

Por sus victorias de Salta y Tucumán, la Asamblea del año XIII le entregó como premio, la suma de cuarenta mil pesos, que fue donada por su parte para la fundación de cuatro escuelas.

 

Esos triunfos se opacaron con las derrotas de Vilcapugio (1 de octubre de 1813) y Ayohuma (14 de noviembre de 1813) donde sólo pudieron salvarse 500 de sus hombres. Por estas circunstancias el mando del ejército del Norte fue encomendado a San Martín.

 

El 22 de enero de 1814, los realistas ocuparon Salta.

 

En 1814 fue enviado a Europa, en misión diplomática para conseguir apoyo a la causa revolucionaria, pero sin éxito.

 

Al regresar a Buenos Aires, en febrero de 1816, fue designado jefe del Ejército de Observación del litoral.

 

Al inaugurarse el Congreso de Tucumán en marzo de 1816, Belgrano fue invitado a informar sobre su misión a Europa.

Allí explicó que en el viejo continente la causa revolucionaria no era bien vista y para cambiar esa visión y atento a la restauración de las monarquías europeas por el triunfo de la Santa Alianza, propuso como forma de gobierno para el estado argentino una monarquía ejercida por un descendiente inca para cuya protección había redactado el “Reglamento para los indios de las Misiones” donde equiparó sus derechos con los de los criollos, propendía a su educación y les entregaba tierras como argentinos.

 

En agosto de 1816, el Congreso lo nombró jefe del Ejército del Norte para defender la frontera, aunque debió intervenir en luchas internas entre unitarios y federales.

 

En agosto de 1819, enfermo de hidropesía (retención de líquido en los tejidos) solicitó licencia y se retiró a Tucumán, para luego dirigirse a Buenos Aires, en marzo de 1820.

 

El 20 de junio falleció en la pobreza en esa última localidad. De su descendencia se sabe que tuvo una hija, fruto de su amor con María Dolores Helguera, con quien nunca se casó.

 

En homenaje a su creador, el 20 de junio conmemoramos el Día de la Bandera, por ser la fecha del deceso de su creador, que fuera promulgado a partir de 1938.