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Kirchner, Mundial y poder

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Kirchner, Mundial y poder

 

La vida me engañó, la vida me mintió,
al ofrecerme un mundo color rosa.
Iluso la soñé, temblando la esperé,
haciéndome la vida más hermosa.

La dicha me sonrió y ciego la seguí,
pero ella se burlaba de mi corazón.
La dicha nunca vino hasta mi olvido,
la vida me ha mentido, la vida me engañó...


La eliminación de Argentina ha dado por el traste con el plan de la presidenta de asociarse al ideal de triunfo ante los comicios del 2011.

 

La recepción del seleccionado derrotado, en Ezeiza, el domingo pasado, fue armada por el intendente Granados y un puntero del PJ K de La Matanza.

 

Los Kirchner siguen con su idea de Maradona 'ídolo' y diputado kirchnerista por la provincia de Bs.As.

 

Suponen que eso les puede agregar 5 puntos que los arrimarían al 40% que evitaría la letal segunda vuelta en 2011.


Por eso el diputado porteño Juan Cabandié, luego de exprimirse el cerebro, propuso  erigir un monumento (sic) a Maradona, en lo que podría llamarse el paroxismo de la estupidez.

 

¿Será como dice el dicho que “La vergüenza una vez perdida, se perdió para toda la vida”?

 

«Aguante Maradona, la selección y aguante también la Argentina». La presidenta del país, Cristina Fernández de Kirchner, eligió el lenguaje de la tribuna para apoyar al dios caído, pero parecía hablar, además, de otras cosas. «Aún dura la tristeza de la ilusión», lamentó, tal vez porque se jugaba algo más que un partido de fútbol.

 

Dicen que cuando juega la selección los enconos se atenúan y la más insólita alianza de clases se teje con los colores celeste y blanco.

 

Y si bien eso es cierto, lo es también que hubo argentinos que se desahogaron con los goles alemanes. Una alegría que tiene una explicación política: la derrota en Sudáfrica permite perfilar otras victorias.

 

«Si Argentina sale campeón, ¿Néstor Kirchner gana las elecciones y vuelve a convertirse en presidente?», se interrogó el periodista Luis Majul, en pleno júbilo maradoniano.

 

Antes de la derrota, se decía que la presidenta viajaría a Sudáfrica para participar de una coronación que se imaginaba inexorable.

 

Se pensó que recibiría la copa de manos de Diego, besaría a Messi frente a las cámaras y forjaría alrededor de esas imágenes la idea de un país abrazado al ideal de la victoria.

 

«El Gobierno pensaba librar en el frente futbolístico una de las batallas decisivas por su continuidad en el poder. Los goles le darían a la política oficial ese encanto que ella, por sí sola, no consigue», señaló el diario La Nación.

La debacle los obliga ahora a repensar ese plan.

 

La relación de la política con el fútbol no es nueva en Argentina.

 

Fue una dictadura militar la que trató de sacar provecho a ese sentimiento: organizó el Mundial de 1978, que ganó Argentina, y con ese telón de fondo intentó ocultar las denuncias de violación de los derechos humanos.

 

Llegó la democracia y el Gobierno de Raúl Alfonsín (de la UCR) tampoco fue indiferente al mundo del balón. Al extremo de que trató de forzar la renuncia del entrenador de la selección, Carlos Bilardo.

 

Cosas de la vida: Bilardo, de la mano de Maradona, obtuvo la copa en México-86. Y Alfonsín, la misma tarde del triunfo, le pidió disculpas en público.

 

Su sucesor, Carlos Menem, nombró a Maradona «embajador sin cartera». Pero no dudó en sacrificar al entonces jugador y exhibirlo al mundo como adicto cuando un escándalo se asomaba.

 

 

Alta inflación

 

En su pelea con el Grupo Clarín, el kirchnerismo descubrió las bondades del fútbol y estatalizó las transmisiones televisivas de los partidos que pertenecían a Clarín.

 

Decidió gastar 110 millones de euros anuales bajo la consigna «fútbol para todos» y se alió con Maradona, que se hizo del partido peronista.

 

El Mundial ha traído un añadido: ha coincidido con los fastos del Bicentenario y la salida de la crisis económica.

 

Las ganas de ver los goles de Messi en alta definición se tradujeron en compras de un millón de plasmas.

 

Pero ahora ya nadie quiere hablar de fútbol. La política vuelve a la escena.

 

La gente habla de la alta inflación, de que Néstor Kirchner perdería en una segunda vuelta electoral en el 2011...


 

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