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El Código mafioso

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El Código mafioso

 

Por Pablo Esteban Dávila

 

La famosa obra “el Código Da Vinci” es una ingeniosa novela en donde sus protagonistas, el profesor Robert Langdon y madame Sophie Nuveau, siguen una serie de pistas que, aparentemente, los conducirán hacia el santo grial. Para ello deberán sortear una serie de peligros y conspiraciones que surgen desde la entraña misma de los tiempos.

 

Sin ser tan famoso, el “Código de Descuentos” del Suoem (Sindicato de Municipales de Córdoba) promete transformarse en una apasionante zaga de complots que ameritará, seguramente, la redacción de una novela similar a la escrita por Dan Brown, sólo que la víctima de la conspiración será el intendente Giacomino.

 

Trátase de un conveniente mecanismo financiero por el cual el gremio municipal presta plata a sus afiliados asegurándose el pago adecuado de tales empréstitos mediante descuentos automáticos en la planilla de sueldos. Estas sumas son retribuidas por convenientes tasas de interés las que, históricamente, han sido bastante superiores a las ofrecidas por el mercado.

 

El experimento abolicionista, aunque terminó en fracaso e, inclusive, puso en riesgo la propia gestión municipal, dejó en evidencia por vez primera que no siempre lo que es bueno para el gremio es bueno para sus afiliados.

 

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Aprieta y ahorca

 

El Suoem es una eficaz máquina financiera que ayuda a la salud económica de sus afiliados. El problema es que muchos de los empleados municipales deben más plata al gremio de lo que ganan en un mes, con lo cual debe continuar pidiéndole dinero para continuar viviendo.

 

El resultado de este esquema es que el “Código de Descuentos” se lleva la mayor porción del recibo de sueldo de algunos agentes, con lo cual la dependencia económica con el sindicato se vuelve una tenaz cadena de amarre. Cualquier similitud con la “Patria Financiera” es pura coincidencia.

 

Cuentan los memoriosos que en mayo de 2000 varios cientos de empleados municipales presentaron una nota al entonces intendente Kammerath manifestándole que -en muchos casos- el gremio les retenía por esta modalidad hasta el 100% de sus salarios y que las tasas que pagaban por estos préstamos llegaban al 5% mensual.

 

La actividad, considerada en su conjunto, parecía lucrativa: de 200 mil pesos mensuales a inicios de los ’90, la municipalidad retenía por este concepto cerca de 2 millones de pesos convertibles por mes. No era de extrañar -entonces- que muchos empleados municipales solicitaran su quiebra propia a los efectos de salir de la asfixia de este sistema.

 

La decisión del entonces intendente fue liquidar la modalidad del Código de Descuentos y conseguir una especie de crédito puente con el sistema financiero “formal” para que los empleados endeudados con el gremio pudieran saldar sus compromisos a tasas más razonables. Al parecer, este habría sido el detonante oculto (o no tan oculto) que habría movilizado al Suoem a declarar una guerra sin cuartel contra Kammerath, hasta el extremo de militar abiertamente por su revocatoria.

 

Otra vez el dedo en la llaga.

 

Si bien todos recuerdan los azarosos días en la Municipalidad de Córdoba entre los años 2001 y 2002, son pocos los que aciertan en asociarlos con el tema del Código de Descuentos. Fue mucho más cómodo (y gratuito, por cierto) sostener que aquellos intentos del Suoem por linchar al intendente y destruir al municipio eran una consecuencia directa de una gestión empañada por sospechas de corrupción.

 

Las más de las veces, la barbarie gremial fue ignorada por la opinión pública bajo el pretexto de la tremenda situación del municipio, responsabilidad directa de Germán Kammerath. A diferencia de lo que hoy sucede con Giacomino, los ciudadanos fueron sus fiscales antes que aliados frente a las pretensiones de cogobierno municipal de Rubén Daniele, un detalle en absoluto menor.

 

Pero, y más allá de sus evidentes errores, la verdad es que el asunto del Código estuvo siempre detrás de las huelgas incesantes y los intentos por destituir a Germán Kammerath. El tema era un secreto a voces, una cuestión casi vergonzante, pero -en el fondo- una motivación poderosa para la conducción gremial.

De hecho, la lucha rindió sus frutos: tres años después de prohibida, la anterior modalidad fue reestablecida silenciosamente por Luis Juez.

 

A diferencia de sus antecesores, Giacomino no tuvo ningún tipo de problema moral por convivir con el Código de Descuentos. Probablemente haya supuesto que, si los afiliados del Suoem se sentían cómodos transfiriendo todos sus ingresos mensuales al gremio, eran perfectamente libres de hacerlo. El intendente no era quien para inmiscuirse en tales cuitas. Pero el conflicto municipal cambió dramáticamente este enfoque, al punto tal que el tema promete volver a meterse en los entresijos de la lucha de poder que libra con Rubén Daniele.

 

El asunto es mecánico, casi determinista. Al declarar la quiebra de facto del municipio cordobés, Giacomino decidió terminar con las horas extras y las prolongaciones de jornada. Dado que el sindicato considera a estos estipendios como parte integrante del sueldo, no vaciló en ir a la guerra por mantenerlos dentro de los recibos de haberes.

Para ello recurrió al tradicional paro y movilización, a lo que el intendente respondió con el descuento de los días no trabajados. Esta amenaza debería materializarse en la próxima liquidación salarial que, convenientemente, cae el 30 de junio. Pero aquí está la madre del borrego: si se practica este descuento, muchos municipales no cobrarán un peso, puesto que una gran parte de sus sueldos se encuentran “retenidos” por el omnipresente Código. Para aventar este problema, el municipio anunció que suspenderá la aplicación del mismo. Es la reedición de la afrenta de 2001.

 

Si esta decisión se cumple, a la pulseada política que hoy sostiene con el Suoem se sumará la pulseada financiera. Gran parte de la caja del gremio depende de esta modalidad de préstamos y cobro a sus afiliados. Tal vez muchos municipales sonrían por lo bajo al ver que recuperan de la noche a la mañana parte importante de sus salarios, pero tal felicidad tendrá como contraparte la furia sin límites de los líderes sindicales.

 

Serán estos líderes los que empujarán aún más a su tropa al conflicto.

 

El próximo martes, cuando finalice la paz unilateral decretada por Daniele, se asistirá a una versión “recargada” de las hostilidades, en donde se conjugará el fin de las horas extras, los descuentos por los días de paro y la suspensión del “Código”.

 

Pero, a diferencia de la exitosa novela de Dan Brown, acá no habrá mayores misterios que dilucidar, puesto que los desmanes serán perfectamente predecibles, al igual que el destinatario de la conspiración. Y los conspiradores, lejos de pertenecer a la oscura cofradía del “Priorato de Sión”, actuarán a plena luz del día, desembozadamente.

 

Serán Rubén Daniele y su socio, Luis Juez, quienes tratarán de cobrarle a Giacomino todas las cuentas juntas mediante un único, perentorio y violento “Código de Descuento”.

 

 

Comentarios

esto lo habia escuchado y con el tiempo quedò en el olvido. calor, esto fue lo detonante para kamerath, mas los viajes de ruben marti desde bs as con guita para el suoem para que fuera mas grande el enfrentamiento

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